Nearshoring y friendshoring: por qué las empresas están rediseñando sus cadenas de suministro
Durante décadas, la globalización estuvo guiada principalmente por una lógica de eficiencia económica. Las empresas organizaban sus cadenas de suministro buscando minimizar costes, aprovechar economías de escala y acceder a mercados internacionales cada vez más integrados. Sin embargo, el contexto actual está modificando profundamente esta forma de operar.
Las tensiones geopolíticas, las interrupciones logísticas registradas en los últimos años y la creciente preocupación por la seguridad del suministro han impulsado una revisión de las estrategias internacionales de numerosas compañías. Organismos como el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo coinciden en señalar que las empresas están incorporando cada vez más criterios de resiliencia y estabilidad en sus decisiones de localización.
En este contexto han ganado protagonismo dos conceptos que están redefiniendo la organización de las cadenas de valor internacionales: el nearshoring y el friendshoring.
El nearshoring consiste en acercar parte de la producción o de las operaciones a los mercados de destino. Más que una simple cuestión logística, responde a la necesidad de reducir tiempos de entrega, mejorar la coordinación operativa y disminuir la exposición a interrupciones derivadas de acontecimientos internacionales. La proximidad geográfica se convierte así en un factor estratégico capaz de aportar flexibilidad y capacidad de respuesta.
Por su parte, el friendshoring se basa en la concentración de actividades económicas en países considerados políticamente estables o alineados desde una perspectiva estratégica. Este enfoque refleja una realidad cada vez más evidente: las decisiones empresariales ya no dependen únicamente de variables económicas, sino también de factores relacionados con la estabilidad institucional, la seguridad jurídica y las relaciones internacionales.
La evolución reciente de las políticas industriales en Estados Unidos y Europa ilustra claramente esta tendencia. Tanto la Comisión Europea como diversas instituciones estadounidenses han impulsado iniciativas destinadas a reforzar capacidades productivas consideradas estratégicas, especialmente en ámbitos vinculados a tecnología, energía y manufactura avanzada. El objetivo no es únicamente producir más, sino reducir vulnerabilidades asociadas a dependencias externas excesivas.
Como consecuencia, determinados países están adquiriendo una relevancia creciente dentro de las nuevas cadenas de suministro. Aquellos que combinan proximidad geográfica, conectividad logística, estabilidad relativa y capacidad industrial están posicionándose como plataformas de acceso a mercados regionales cada vez más integrados.
Para las empresas, esta transformación implica un cambio de enfoque. La competitividad sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. La capacidad de garantizar continuidad operativa, gestionar riesgos y adaptarse a un entorno internacional más fragmentado se está convirtiendo en una ventaja competitiva de primer nivel.
La reorganización de las cadenas de suministro no representa una retirada de la globalización, sino una evolución de la misma. Las empresas continúan operando internacionalmente, pero lo hacen bajo criterios distintos, donde la resiliencia, la proximidad y la gestión del riesgo adquieren una importancia creciente.
En este nuevo escenario, comprender cómo evolucionan las cadenas de valor internacionales resulta esencial para identificar oportunidades de crecimiento y diseñar estrategias de internacionalización más sostenibles. La cuestión ya no es únicamente dónde producir, sino cómo construir estructuras capaces de funcionar con eficacia en un entorno global cada vez más complejo.
Escrito por la Doctoranda Dina Mesbah
Mayo 2026